Las conservas de pescado son una alternativa sencilla para incorporar pescado a nuestra alimentación habitual. Atún, sardinas, caballa o mejillones son algunos ejemplos que podemos tener fácilmente en la despensa y utilizar para preparar ensaladas, tostadas, platos de pasta o comidas rápidas. Gracias al proceso de esterilización y envasado, se conservan durante largos periodos sin necesidad de refrigeración mientras permanecen cerradas.
Desde el punto de vista nutricional, pueden aportar proteínas de alta calidad, vitaminas y minerales. En el caso de las conservas de pescado azul, también encontramos ácidos grasos omega-3. Algunas variedades, como las sardinas en las que se consumen las espinas blandas, pueden aportar además una cantidad interesante de calcio. Todo ello convierte a las conservas de pescado en un alimento especialmente práctico para las personas mayores.
Eso sí, no todas las conservas son iguales. Conviene prestar atención al contenido de sal y al líquido de cobertura, priorizando opciones al natural o con aceites de buena calidad y evitando aquellas acompañadas habitualmente de salsas muy calóricas. También es recomendable variar los tipos de pescado que consumimos y combinar las conservas con verduras, legumbres, cereales u otros alimentos que permitan preparar comidas completas y equilibradas.
Un consejo práctico
Tener algunas conservas de pescado en casa puede ayudarnos a resolver una comida de forma rápida y saludable. Revisa la etiqueta, elige opciones con poca sal cuando sea posible y, si no quieres consumir todo el aceite o líquido de cobertura, puedes escurrirlo antes de servir. Prácticas, nutritivas y fáciles de combinar, las conservas pueden ser unas buenas aliadas dentro de una alimentación variada y equilibrada.
