Verduras frescas o congeladas: dos buenas opciones para comer más verdura

A la hora de elegir verduras, no es necesario pensar que las frescas son siempre mejores que las congeladas. Ambas pueden formar parte de una alimentación saludable y aportar fibra, vitaminas, minerales y agua. Las verduras congeladas mantienen muy bien su valor nutricional, mientras que las frescas resultan especialmente interesantes para ensaladas, preparaciones en crudo y recetas en las que buscamos determinadas texturas.

La principal diferencia está más relacionada con el uso que vamos a darles, su conservación y la comodidad que con que una opción sea nutricionalmente mejor que la otra. Las verduras frescas conviene consumirlas antes de que pierdan calidad, mientras que las congeladas duran más tiempo y permiten tener siempre una reserva disponible. Además, pueden resultar muy prácticas para preparar rápidamente cremas, purés, menestras, guisos o salteados y ayudar a reducir el desperdicio de alimentos.

Eso sí, cuando hablamos de verduras congeladas nos referimos preferentemente a verduras sencillas, sin salsas, rebozados u otros ingredientes añadidos. Conviene revisar la etiqueta y diferenciar una bolsa de verduras congeladas de un plato preparado que, además de verduras, puede incorporar cantidades importantes de sal, grasas u otros ingredientes.

Un consejo práctico

No hace falta elegir entre frescas o congeladas. Podemos utilizar unas u otras dependiendo de la receta y de lo que resulte más cómodo en cada momento: frescas para una ensalada, por ejemplo, y congeladas para preparar rápidamente un puré o un salteado. Lo verdaderamente importante es consumir verduras con frecuencia y conseguir que estén presentes de forma habitual en nuestra alimentación.