El gluten es una proteína presente de forma natural en cereales como el trigo, la cebada y el centeno, y también puede encontrarse en numerosos alimentos elaborados a partir de ellos. En algunas personas, su consumo puede relacionarse con molestias digestivas y otros síntomas, como hinchazón, gases, dolor abdominal, diarrea, náuseas o cansancio. Sin embargo, estos síntomas pueden tener causas muy diferentes, por lo que es importante no eliminar el gluten de la alimentación por cuenta propia y consultar con un profesional sanitario para realizar una valoración adecuada.
Además, conviene recordar que la enfermedad celíaca, la sensibilidad o intolerancia al gluten y la alergia al trigo no son lo mismo. Cada situación requiere una valoración específica y, en caso necesario, unas pautas de alimentación adaptadas. Si finalmente es preciso seguir una dieta sin gluten, existen muchas opciones naturalmente libres de esta proteína: frutas, verduras, legumbres, huevos, carnes, pescados, lácteos, frutos secos y alimentos como el arroz, el maíz, la patata o la quinoa pueden ayudar a mantener una dieta variada y equilibrada.
También es importante aprender a leer correctamente las etiquetas, identificar los productos específicamente certificados como «sin gluten» cuando sea necesario y prestar atención a posibles contaminaciones cruzadas durante la preparación de los alimentos. Una alimentación sin gluten no tiene por qué depender exclusivamente de productos especiales: priorizar alimentos frescos y poco procesados permite construir menús sencillos, nutritivos y variados. En la infografía que acompaña este contenido repasamos las principales claves para entender mejor el gluten y organizar la alimentación de una forma práctica y segura.
