Mantener una buena hidratación es fundamental para conservar la salud, el bienestar y la autonomía a medida que envejecemos. El agua participa en numerosas funciones del organismo, ayudando a regular la temperatura corporal, favorecer la digestión, proteger la función renal y mantener una adecuada concentración y rendimiento mental. Además, una hidratación adecuada contribuye a prevenir problemas como el estreñimiento, los mareos o las infecciones urinarias.
Con el paso de los años, la sensación de sed suele disminuir, por lo que muchas personas mayores pueden beber menos agua de la que realmente necesitan. A esto pueden sumarse otros factores, como determinados medicamentos, problemas de movilidad o algunas enfermedades crónicas. Por ello, es recomendable adquirir el hábito de beber líquidos a lo largo del día, sin esperar necesariamente a tener sed.
Aunque el agua es la mejor opción para mantenerse hidratado, también pueden contribuir otros alimentos y bebidas como las infusiones, los caldos, el yogur, las frutas ricas en agua o determinadas verduras. Mantener una botella o un vaso de agua siempre a la vista, establecer rutinas y aumentar la hidratación durante los meses más calurosos son pequeñas acciones que pueden ayudar a alcanzar una ingesta adecuada de líquidos cada día.
Un consejo práctico
Procura repartir la ingesta de líquidos a lo largo de la jornada y recuerda que la hidratación es especialmente importante durante el verano, la actividad física o los periodos de enfermedad. Pequeños hábitos diarios pueden marcar una gran diferencia en tu bienestar.
