A la hora de comprar pescado es habitual preguntarse si el pescado fresco es mejor que el congelado. Sin embargo, desde el punto de vista nutricional, ambas opciones son muy parecidas. Tanto el pescado fresco como el congelado pueden aportar proteínas de alta calidad, ácidos grasos omega-3 —dependiendo del tipo de pescado—, vitaminas como la D y la B12 y minerales como yodo, selenio y fósforo.
La principal diferencia está, por tanto, en su conservación y comodidad de uso. El pescado fresco necesita mantenerse refrigerado y conviene consumirlo en poco tiempo. El congelado, en cambio, puede conservarse durante más tiempo y permite disponer fácilmente de pescado en casa. Además, la congelación industrial se realiza rápidamente, lo que ayuda a conservar adecuadamente las características del alimento.
La elección puede hacerse en función de nuestros hábitos y necesidades. Si compramos pescado congelado, es preferible elegir opciones sencillas, al natural y sin rebozados ni salsas añadidas, y mantener correctamente la cadena de frío. Para descongelarlo, una buena opción es hacerlo en el frigorífico y evitar volver a congelarlo una vez descongelado.
Un consejo práctico
No es necesario elegir siempre entre fresco o congelado. Podemos combinar ambos según nos resulte más cómodo: comprar fresco cuando vayamos a consumirlo próximamente y mantener pescado congelado como reserva para otros días. Lo importante es incorporar pescado con regularidad dentro de una alimentación variada y equilibrada.
